PROSTITUTA DE ALTO STANDING
Rafael del Campo


Sinopsis
Los señuelos, las celadas, las tentaciones, y las piedras con que tropezamos en los caminos de nuestras vidas, se constituyen en trampas saduceas muy difíciles de detectar a tiempo, debido a su diabólica y portentosa capacidad para burlar nuestro consciente e introducirse subrepticiamente en lo más profundo del ánimo, y, una vez allí, dominar con mano de hierro la voluntad más incólume y disciplinada, cual si fuese de blanda y maleable plastilina. Cuando esto sucede poco es ya lo que la voluntad consciente puede hacer para evitar el deslizamiento hacia el precipicio, la catástrofe y el impacto final, dado que la capacidad de reacción y lucha, —ante el deseo imperioso—, habrá quedado totalmente anulada. Muchos han sido los hombres, a veces preclaros, que han visto saltar en pedazos su propia honra, reputación, prestigio profesional y político por quedar atrapados entre los brazos, piernas y cama de una Prostituta de alto standing.


Biografía
Rafael del Campo nació un caluroso día de julio de 1937 en los páramos de secano de Palencia. Desde su tierna infancia se dedicó a leer todo cuanto caía en sus manos, así como a dibujar y pintar sin descanso.
Vivió sus años juveniles en Elgóibar (Guipúzcoa), lo que le posibilitó cursar la carrera de mecánica en la Escuela de Armería en Eibar. Por su profesión de dibujante de prensa se ha movido como pez en el agua por las redacciones de periódicos y revistas, gozándola entre linotipias, minervas y rotoplanas. Conserva en su pituitaria el olor de la tinta de imprenta, que ahora se le manifiesta en síndrome de abstinencia, para mitigarlo con sus artículos en la revista Sesenta y Más y en el periódico Diario Palentino.
La parte literaria de las viñetas le ha arrastrado inconscientemente a la actividad de escritor, debido ello al estímulo y capacidad creadora que genera el constante manejo de personajes en el dibujo para la prensa, llegando el momento en que la mente siente la necesidad de plasmarlos valiéndose de la máquina de escribir. Ello constituye un proceso lento, pero apasionante, comprobando cómo los personajes cobran vida en otra dimensión mucho más humana y de mayor fuerza, de cara al lector, otorgando a éste más libertad y cromatismo para visualizarlos mientras lee.